*escrito por alguien como usted: compleja y enredada

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El sonido no puede viajar a través del vacío, necesita de un medio. Seguro que ha escuchado los sonidos de su propio cuerpo. Piénsese usted, lector/oyente, como medio. Habría que atreverse al silencio. Suena fácil, pero nos aterrorizamos cuando se trata de enfrentarnos a nosotrxs mismxs, tanto como hacia lo desconocido. Estamos en una época donde la sobredosis semántica, manifestada como exceso de palabras y sobre todo de imágenes, está acabando con el tiempo, los espacios para la escucha y para la autoconciencia.

¿Cómo podríamos desprendernos de la vista cazadora, de la jerarquía sinsentido de nuestros sentidos, y disponernos a escuchar(nos) de forma profunda?

Entender otros tiempos, disponerse a vivirlos.
Volver al oído que envuelve, recibe, gesta.

Esto del oído yo se lo quiero proponer no solamente como su reactivación sin más, sino también como potencial para entender el mundo. Quisiera recomendarle una actitud frente a la música, pero también frente a la vida misma que se siente devastadora.

Esto comienza desde usted, seleccionando música, ¿se lo ha tomado en serio? Toma tiempo y mucha energía: dedicarse no solamente a escuchar nuevos temas e ir de aquí para allá como un pajarito colibrí va de flor en flor

—y que bonito ser un colibrí—

sino también adentrarse en lo profundo de su ser. Pensemos la audición como un proceso de autoconocimiento; la selección y la reproducción permiten nuestro autorrelato, nuestra posibilidad de (re)organizarnos ¿Qué cree que necesita comprender en usted? ¿Qué quisiera encontrar? ¿En dónde se quisiera ubicar?

Yo quisiera motivarle a creer en la magia, en lo fantasmagórico, en lo imposible. A que se pregunte cómo suenan los silencios, esos que terminan siendo lo suficientemente ruidosos como para desconcertar, con los que finge demencia y termina ignorando a sus fantasmas—que invisibles e inmateriales, se sienten más cómodos en el campo de lo sonoro. Espero que la voz de su cabeza ya le esté hablando…

Se preguntará a dónde le quiero llevar con este texto modesto…

Y con preguntas que podría hacerle su psicóloga. Yo sé que muchas veces no tenemos respuestas para nada, pero le traigo algunas mías que me he dedicado a encontrar mientras buscaba alguna forma de abordar la muerte, porque cómo hablar de la vida sin hablar de la muerte. Sobrevivir a ella requiere hacerse su amiga, y charlarle; de la imaginación, esa misma con la que se conectan sonidos, y algo musical resulta. Esa facultad nuestra que primero percibe las relaciones íntimas y secretas de las cosas, las correspondencias y las analogías.

Aquí el proceso de selección no se trata de técnicas sino de marcar los ritmos, leerse a usted, involucrarse. Se trata de trabajar con nuestros oídos para abrir conversaciones en y con otras escalas: charle con su abuela muerta, con su mata o con aquel futuro al que teme.

También con usted. Con lo impensable o lo que nos excede.

En medio de esos diálogos déjese diluir, encuéntrese con eso que usted quiere, bien sea a través del dolor, del recuerdo o de la tranquilidad que le brotan de sus sonidos seleccionados.

No es la primera vez ni mucho menos soy yo la primera que cuenta sobre cómo se puede hablar con la muerte, con lo innombrable, con lo soñado, con lo oculto; los saberes y prácticas indígenas se han conectado con otros mundos desde el inicio—o el fin—de los tiempos, a través de sustancias, rezos, y cantos que permiten esa alquimia, esos intercambios.

Y no vayan a olvidársele los alabaos, aquellos cánticos de comunidades negras en el pacífico colombiano que crean un puente entre los muertos que pasan al más allá y los vivos que permanecen. Y que junto con los gualíes, son cantos profundos, llenos de mística que parecen oraciones y que tienen como objetivo despedir—con su forma de rezo, circular, y repetitivo—a las almas que se van al otro lado, acompañándolas.

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Como oyente activx, gustosx de la música, ¿se ha pillado que el sonido en realidad reúne muchísimos más que uno? Como si se tratara de una arquitectura imaginada, emergente, que se puede hacer con el cuerpo y también con máquinas: una invocación tecnológica. En tanto embrujo, artistas contemporáneos que trabajan con el sonido traen al mundo de las formas y razones recuerdos sonoros, resultado de sus propias lecturas. En ellas, imagino que quizás sufrirían un poco.

Es paradójico que para escuchar “bien” haya que hacer silencio, lo cual tememos. Pero habría que temer también cada vez que se reducen los espacios para la confrontación, la crítica y, aún más, para la transformación—la propia y la colectiva.

En este punto se trata de ser creyentes. También creadores. Audaces. 

En “Música para plantas, máquinas y algunos seres humanos” Entorno Sintético, un laboratorio de investigación-creación que explora la potencia estética de la música experimental, ha estado explorando estas mismas inquietudes: cómo suena la vida misma, cómo abordarla, cómo suena en otras escalas. Allí, síntesis electrónica, respuestas biológicas y estructuras improvisadas convivieron juntas a través de su disco Resonancias del Cacao, que nace de procesar los datos vivos de la planta de cacao transformándolos en composiciones musicales. Esta experiencia se vivió en alianza con el Museo Juan del Corral de Santa Fe de Antioquia en agosto del 2025.

Resonancia N4 - Flor de Cacao fue la primera pista que escuché, pieza hecha con las mediciones de luminosidad de la planta, mientras que la pieza Resonancia N1 - Alimento de los Dioses, está creada a partir de las mediciones de humedad del Cacao. Así que a eso suena.

No vaya a creer que estas corrientes eléctricas que se interpretan son “más vida” que una grabación de una plaza de mercado, o cuando escucha la lluvia caer, o del eco de quienes ama. Incluso de lo que usted no alcanza a escuchar como humanx. Nuestra condición no puede reducirse simplemente a la mediación tecnológica. Pero si es un ejemplo de la tarea sobre la que me gustaría que fuéramos más conscientes: la tarea creadora de comprender a través de nuestra propia narrativa la relación entre lo que  pensamos, sentimos y hacemos en el mundo; para dialogar con cómo otrxs piensan, sienten y hacen las cosas1. Su forma de ser.

1 Piénsese cosas como formas cualesquiera indeterminadas, e imagínese lo que sea que usted quiera.

Qué bonitos los sonidos, escuchar lo invisible, dibujar su paisaje.
Yo me pregunto, cómo sonará el olivo, y esas conversaciones con los deseos del cuerpo y de un pueblo. 
¿Cómo testimoniamos con eso que nos resuena, con lo que queremos oír? Ya mencioné que de ninguna manera la muerte, como algunxs quieren creer, puede ser el final de nada. 
Si se trata también de renacimientos, yo quisiera que la niñez palestina prosperara y renaciera, que gritaran y que crecieran junto a sus árboles. Que el aliento de las mujeres permaneciese en algún lugar, sus almas. Cómo suena el olivo, yo quisiera extender sus memorias. 
Sobre esto, le cuento que Nene H y la plataforma emergente UMAY2 compilaron Cartas a una Palestina Futura hace más de un año: este proyecto sirve como una postal de la Palestina del futuro a la que aspiramos. El álbum contiene 19 pistas y presenta a 23 artistas de todo el mundo, incluidas colaboraciones entre músicos palestinos y otros del Líbano, Egipto, Ghana, Kurdistán, Siria, Jordania, Irán, Armenia, Turquía y Tanzania. De todas las Cartas, estas son mis tres favoritas:
7. KETTALYNNE & Yazzus – Tefla; 
11. Alinka – Metaphysical; 
16. Mohajer - Bodo Bodo.

2 El objetivo del sello es construir puentes y empoderar la cultura local, dando visibilidad a regiones y artistas geográficamente subrepresentados, con un fuerte enfoque en artistas del sur, oeste de Asia y África, así como en QTBIPOC, que es un acrónimo en inglés que significa Queer, Trans, Black, Indigenous, y People of Color (Personas Queer, Transgénero, Negras, Indígenas y de Otros Grupos Étnicos).

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~ Ruido ~

Para entender el mundo de otra forma, como le dije, necesitaremos de una nueva disposición. Si lo que podemos comprender del mundo está condicionado por la “naturaleza” y las limitaciones de nuestros sentidos—limitaciones muchas veces impuestas por nosotrxs mismxs—nos sería necesaria una nueva ciencia: el ritmo-análisis3.

Y de ahora en adelante como oyentes, o como ritmo-analistas, escucharemos “al mundo y, sobre todo, lo que peyorativamente se llama ‘ruido’—que se dice que no tiene ningún sentido—y los murmullos, llenos de significado” para, finalmente llegar a escuchar “los silencios”, aquellos silencios que guardan los ritmos más secretos, como los de la memoria o el recuerdo.

3 Ciencia conceptualizada por Henri Lefebvre, y aplicada por interesadas en el potencial y la profundidad de los sonidos, que es nuestro caso.

La oralidad desde donde cuento cosas sobre mi abuela reta al espacio y al tiempo como creemos conocerles, y trae “lo que ya fue y no puede ser más” al ahora. Así mismo, me permite escuchar sus cantos y su risa. Estar atenta, para encontrarla en las matas o en las mariposas o en las luces.
He comprendido los ritmos: árboles, flores, aves e insectos. Ellos forman una polirritmia4 con el entorno: la simultaneidad del presente (tanto de la presencia), la aparente inmovilidad que contiene mil y un movimientos5
También en los ruidos ficticios: en mis futuros imaginados con ella.
4 La polirritmia se refiere a la superposición de dos o más ritmos diferentes que se reproducen simultáneamente. Estos ritmos suelen estar en compases o subdivisiones incompatibles entre sí, creando un efecto intrigante y a menudo hipnótico. Por ejemplo, un ritmo puede estar en 3/4 mientras otro está en 4/4, generando una tensión rítmica que se resuelve cuando ambos coinciden en el tiempo.
5 Henri Lefebvre (2004). Análisis Del Ritmo: Espacio, tiempo y vida cotidiana. Pág. 245–246.

También los ritmos soñados e imaginados de un mundo que sobrevive en sus ruinas. Los sonidos del fondo que solemos ignorar, como los de nuestro propio paisaje corporal. Los ritmos corporales de la vida cotidiana. Los de la transformación de nuestra especie. 

El fin del Hombre es ya una realidad, y por ello se impone la exigencia en nuestros días de comprender lo que hay más allá, de lo que vendrá. De charlar con las cosas sobre las que nos han hecho creer que estamos por encima, o con las que presuntamente no se puede charlar. ¿Cuáles son todos esos otros ruidos?

Espero que se haya preguntado por sus otros ruidos propios, pero también por los otros tantos que se entrelazan en los lugares en los que nos ubicamos porque, como sabe, la vida no es exclusivamente humana.

Rosi Braidotti (1954), filósofa y teórica feminista italo-australiana, describe cómo somos seres encarnados e integrados porque estamos profundamente empapados en el mundo material, y aunque diferimos los unos de los otros, estamos estructuralmente relacionados, usted y yo, y con el mundo humano y más-que-humano en el que vivimos.

“Somos, después de todo, meras variaciones de una materia común”6.
Un medio. 

Quizás se trate también de comprender las piedras. En el libro que acompaña a los Archivos de Radio Piedras7 de Nicolás Jaar, Guillermo Canek recuerda como para el Pueblo tzeltal ambos estados son inmanentes: el mundo visible jamalal y el estado virtual, dominio de los espíritus, las divinidades y la muerte, ch’ul; no hace falta morir y trascender para pasar del primero al segundo, sino que se trata de intercambios continuos, de tejidos.

6 Rosi Braidotti (2020). El conocimiento posthumano. Capítulo 2: Sujetos Posthumanos.
7 Jaar et al. (2024). Archivos de Radio Piedras. Editorial Muñoz Santini León. // Una pieza en la que Jaar ha trabajado desde el 2019, Archivos de Radio Piedras es un complejo entramado de estrategias sonoras y narrativas multitemporales que apuestan por generar espacios de escucha no ligados a la organización algorítmico-lucrativa sino al hacer del oído, más precisamente de la cóclea—estructura en espiral del oído interno que por transformar las vibraciones sonoras en mensajes nerviosos resulta un elemento central de la política contemporánea. Acá también se proponen perspectivas no-humanas y, por momentos, voces de fantasmas palestinos invaden la transmisión de radio.

De habitar los intersticios, ser interludio. Charlar con la incertidumbre y la multiplicidad de porvenires. Con nuestros pasos de un estado al otro, con la mitad incómoda, entre el ruido y el silencio. No se trata de un antes y un después sino un camino espiralado cuyo inicio y fin son en realidad infinitos, como presencias que se transforman permanentemente.

El tiempo como el sonido no son planos, la vida tampoco, sino que hay escalas y dimensiones, a esto me refiero. Las piedras, como las ha comprendido Manuela Infante (dramaturga y directora) y describe en el mismo libro de Radio Piedras, son acumulación de tiempos, de temporalidades. Habría que  preguntarnos qué hay de las piedras en nosotrxs, de las cosas en nosotrxs.

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Parte de esta nueva disposición a la que he venido invitando incluye renovar nuestra actitud frente a la musicalidad de las cosas, entendiendo musicalidad como un lenguaje nuestro y de las tantas otras cosas que nos atraviesan y cuestionan. De la experiencia de la guerra misma, de la desesperanza o esperanza profunda, de un futuro distinto, ¿cómo serían posibles musicalmente?

Allí buscando comprender las piedras podríamos encontrar memoria e inmensidad. Posibilidad. Debajo de ellas, de las piedras, hay milagros esperando a ser descubiertos, y aunque nuestra pequeñez nos rete, serán posibles algún día.

Esta actitud: imagínese flotando en el mar y rodeado por el agua que en su oscilación lo lleva a escuchar otras cosas. El mismo mar, su respiración, otros volúmenes. Imagínese en la panza de su mamá, cuando no podía ver, y solamente escuchaba. Imagínese en el fin de los tiempos, los suyos, en los que solamente puede hacer eso—escuchar. Aún si no pudiese hacer nada más, seguiría escuchando. 

¿Qué acumulan las cosas, las vivas y las que no necesariamente nacen o mueren para seguir existiendo? Pregúntese, ¿qué acumulan para usted y su comprensión del mundo? Y cómo trabajar con eso para la transformación. La suya. La nuestra.

El ruido es vital para la fundición con las cosas, para la protesta y para la justicia. Para vivir. Pero los ruidos no suenan siempre como creemos o esperamos, sino que tienen sus propios lenguajes y formas de sonar. 

En fin, esta es una invitación a que se movilice, para que busque sus formas en las que la magia, la creatividad y la esperanza no le sean despojadas, robadas, borradas.

Quizás sea esta una invitación para pensar en proyectos políticos que permitan “desfamiliarizar y reestructurar nuestra experiencia del presente de maneras […] distintas a todas las demás formas de desfamiliarización”8. Para que nos replanteemos nuestro trabajo de selección, y el de omisión, como acto político. Y, como ritmo-analistas, encontrar aquello con lo que resonamos, aquellas musicalidades con las que queremos andar; ser un medio para las experiencias, lugar de luchas, de utopías y de muertes. Un medio para las historicidades y autenticidades, para las presencias de/en tantas otras escalas.

Busquemos.

En sus vidas y muertes, ¿cómo se imaginan sonando?
Yo también me lo estoy preguntando.

8 Fredric Jameson (1982). Progress versus Utopia; Or, Can We Imagine the Future? Pág. 151.

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