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Un Manifiesto
Somos jóvenes
y escuchamos.
Sentimos que hemos llegado a un punto de inflexión.
Ya no caminamos hacia el futuro,
es más bien el futuro el que,
con una propulsión arrebatada y sospechosa,
se aproxima.
Su motor no es estruendoso sino sutil,
un murmuro que resuena disonante y ominoso.
Es un último arrebato antes de iniciar su lenta defunción,
con el que nos trata de convencer de no cargarlo más
con expectativas.
Solíamos imaginar visiones de futuro
que aunque vagas,
brillaban llenas de
emoción, vanguardia, optimismo;
diferíamos maravillas y proyectos para su encuentro.
El futuro nunca ha sido una promesa,
pero siempre coincidimos en poblarlo de suposiciones
implícitas, inocentes y reconfortantes.
El futuro era el lugar predilecto de la utopía.
¡Pero nos rebasó!
Deslumbrados, vemos claro:
de todos los futuros deseados,
el que nos va a tocar es el ramal
que no quisimos ni sembramos.
Es un futuro que nos toca padecer,
falto de emoción,
desolador.
Nos sentimos decepcionados.
Nos quieren hacer creer que es normal, inevitable.
Y solo nos queda preguntarnos:
¿Padecerlo con paliativos?
O, ¿enfrentarlo con anticuerpos?
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Nuestra escucha es
intencionada, atenta y crítica.
Es 2025
y aún somos jóvenes.
Hemos crecido en un mundo prismático e hiperexpandido
por la bendita panacea que llamamos Internet.
Navegamos su inmenso océano cibernético
como un segundo hogar,
una extensión ilimitada de nuestro cuerpo
hiperactivo y sobreestimulado.
Es portal y es filtro.
Lo consideramos derecho fundamental.
Con la Internet
nos hemos construido y reconfigurado.
A través de esta red nos hemos aproximado
a las personas,
las ideas,
los hechos
y las experiencias
que nos identifican.
La utilizamos para
decantar posibilidades,
ponderar opciones,
definir posiciones
y tomar decisiones:
desde lo trivial y somero,
hasta nuestras convicciones más entrañables.
Sumergidas en su atractivo barullo
de conexiones inmediatas
nos convertimos en
usuario, agente, recipiente, cliente,
creador, recurso, dato, producto.
Y en su infraestructura tecnológica
cada vez más integrada e intrusiva,
cada intención y cada conexión,
cada acto u omisión,
tienen el potencial de reverberar
de manera incontrolable
en un mercado global.
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Pero al escarbar detrás de su llamativa corteza emancipatoria
encontramos un núcleo en proceso de implosión
por los tantísimos intereses políticos contradictorios,
incentivos económicos perjudiciales
y oposiciones morales ineludibles que lo disputan.
Entre más ubicua se hace la Internet en nuestra cotidianidad,
más difícil es ignorar el lento proceso
de asedio, privatización y financiarización
de los espacios, dispositivos y herramientas digitales
que hemos venido utilizando como refugios
de conocimiento, de autoexpresión,
de conexión y de goce.
La fascinación con la que solíamos navegar por Internet
está siendo amenazada por incentivos económicos perversos
que consiguen trascender nuestra experiencia digital
para tocar nuestra cotidianidad material:
vivimos sumergidos en un capitalismo decadente.
Y más allá del ciberespacio
nuestras experiencias
de ocio, de consumo y de comunidad
están siendo sometidas a un descarado proceso
de deterioro y “en-mierdificación”
por diseño y decisión.
Nuestras Culturas están siendo reemplazadas
por el contenido y la simulación.
Estamos siendo arrastradas
hacia un futuro distópico:
sectario,
militarista,
tecnofeudal,
y ecológicamente catastrófico.
La Internet ha sido convertida
en medio ineludible
de extracción,
avasallamiento
y reproducción de capital.
Nuestra humanidad está siendo mercantilizada como datos:
nuestro tiempo es una mina y nuestra atención una nueva moneda de cambio.
Esto resulta bastante preocupante en el contexto actual
donde el flujo de datos (el acervo informático digital)
contribuye más al crecimiento del PIB mundial
que el flujo total de bienes y servicios,
dándole a sus traficantes una influencia desequilibrada
sobre los mercados y la política global.
Pasamos de la emancipación digital
a la servidumbre.
Es 2025,
y las rentas que producimos
mediante nuestro ocio y nuestra atención
están siendo utilizadas para respaldar proyectos
fascistas-xenófobos-colonialistas-extractivistas;
en financiar tecnologías para la guerra;
y corromper el potencial de la “inteligencia artificial”
para implementarla como reemplazo maligno
a la labor, el ingenio y la creatividad humana
y cuyo desarrollo está acelerando nuestro salto
hacia el acantilado del colapso climático.
Es por esto que consideramos imperativo dar tacto y sentido
a la compleja interconexión de hechos y desechos
de esta red planetaria sin precedentes
de la que hacemos parte,
ya sea de forma involuntaria,
ya sea de manera bien-intencionada,
porque al habitarla de forma inconsciente
y aún desde nuestro ocio inocente
corremos el riesgo de relegar nuestra agencia creativa
y de convertirnos en sus víctimas, esclavos y cómplices.
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Reclamamos nuestra atención
para trascender el escapismo.
Dado este contexto que nos toca,
y el futuro que presagia,
hemos decidido empezar a sonar soñando,
iniciando desde el margen.
Este sonar es una invitación
a un involucramiento activo y constructivo
como alternativa a la sobreestimulación
pasiva, algorítmica y mercantilizada
de nuestros entornos virtuales y tangibles.
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SONAR AL MARGEN es una reacción crítica frente a un contexto desalentador; es un medio-plataforma para los anticuerpos culturales que se resisten y se enfrentan a esta lenta cancelación del futuro; es un refugio-rizoma para quienes nos rehusamos a padecer su impulso terminal mediante una actitud creativa, colectiva y transdisciplinar.
Como plataforma editorial, Sonar al Margen busca promover
un ocio que trascienda el escapismo y la analgesia.
Queremos ser un punto de encuentro para
el descubrimiento y la escucha intencionada
de sonidos, ideas y experiencias
que nos ayuden a dar sentido al presente
con miras a restaurar el trayecto y la esperanza
de un futuro común: práctico, auténtico y emocionante.
La Cultura y el arte son nuestro medio predilecto,
y el sonido, nuestra materia. Mediante su praxis creativa
buscamos explorar nuevos puntos de referencia para el
entendimiento y accionar político en nuestros
nichos, subculturas, escenas y comunidades respectivas
en Bogotá, en Colombia, en Latinoamérica.
Creemos en la posibilidad de contrarrestar la superficialidad
de la experiencia posmoderna y la esquizofrenia cultural que
induce mediante
la exploración curiosa,
el análisis crítico,
la historización contextual,
la proposición prefigurativa,
y la autenticidad expresiva.
Resulta imperativo trascender la parálisis nostálgica
y pasar a una movilización prefigurativa que nos
permita evadir la catástrofe y tejer nuevos futuros.
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Nuestra intención es
pedagógica, creativa y prefigurativa.
Este manifiesto es una invitación abierta de colaboración
para todas aquellas personas que se sienten
igual de preocupadas y movilizadas
por las inquietudes y reflexiones aquí expuestas,
y para aquellas que
en el esfuerzo por reclamar nuestra atención colectiva
con una escucha atenta y crítica,
con un ocio consciente y prefigurativo
logran ver una posibilidad
de retomar nuestra Internet, de reanimar nuestro futuro,
y de recargar de autenticidad nuestra Cultura.
¡Aquí son bienvenidas a participar, a publicar, a escuchar, a leer, a descubrir, a discutir, a compartir, a conspirar!
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Añoramos un futuro lleno de emoción y autenticidad;
de vidas llenas de un ocio que no es paliativo existencial
sino entendido como fin suficiente de autorrealización.
Un futuro en el que el hacer en libertad
es la manifestación satisfactoria
del poder-existir.
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Somos jóvenes y enunciamos:
que desde un margen dibujado con tinta
diluimos su nitidez y borramos su certeza
con nuestro sonar y nuestra escucha;
el margen no es un cierre
sino la frontera en expansión de lo posible
el margen no es un refugio ni un escape
el margen es un taller y un laboratorio
no es paliativo sino crítico, creativo y prefigurativo
el margen es la cuna que mantiene
vivo, fértil y auténtico
el hacer.


