Objeto de Resonancia
Un poema de
Isaac G. L.
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Inicio estas palabras en un cuarto oscuro, repleto y sudoroso.
Cuerpos en fricción, sudor en las paredes, sudor en mis ojeras, lágrimas.
Lágrimas a su vez placenteras y melancólicas,
porque son lágrimas de comprensión de una tristeza que se disipa,
en este mismo cuarto
y esta misma noche.
La música golpea mi cuerpo y mi pensamiento,
les sacude, les exige, les ocupa, les desfasa y les traspasa.
Sacudo sacudo
todo lo que recorre mis entrañas y que no tienen nombre ni fecha,
en movimientos bruscos, en brincos, en giros, y en miradas.
Y sudan mis ojeras,
lágrimas.
Lágrimas porque comprendo que no soy yo, que ceso, que suelto.
No digo que me invade
porque si no me soy en apego no me pueden invadir.
Y en este cuarto oscuro, tembloroso, alienante, agobiante,
ya no soy sujeto, ya no me sujeto.
Entiendo, sin verdaderamente pensarlo, mi razón de estar acá,
mi dicha, el sudor de mis ojeras.
Suelto y dejo de ser, de pensar,
se desvanecen mis deseos, mis barullos, mis lamentos,
y me convierto en objeto.
Me objetifico.
Soy una cosa, un cuerpo hueco, una caja, que solo resuena,
resuena con aquellas ondas que me golpean violentamente,
resueno con sonidos y texturas, ajenas, inverosímiles, alienígenas,
y me vuelvo ajeno, inverosímil, alienígena,
porque no soy, solo resueno.
Soy un objeto de resonancia,
sin preocupaciones, sin penas, sin expectativas,
que solo transmite,
lo que le toca, lo que le sacude, lo que le mociona.
Y resueno,
resueno,
resueno,
resueno,
resueno,
solo resueno, sin más…

