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“Imaginamos un lugar donde la música vuelve a ser descubrimiento y pulso colectivo”
Manifiesto de Bamba
1.
El Contexto y la Partida
Coincidir en Medellín el fin de semana en que tuvo lugar Bamba fue una oportunidad afortunada que no podíamos dejar pasar. Desde que empezamos a ver su movimiento en redes, su imagen y su discurso capturaron nuestra imaginación; en su argumento expresaban un mismo interés con nosotros como público, como artistas y como red: “un proyecto de creación colectiva” que apuntaba a “la construcción de espacios comunales desde la pista de baile”.
En la jerga paisa, la palabra bamba se utiliza para referirse a “lo pirata, lo improvisado, incluso lo aburrido”, asociación semántica que busca resignificarse a través de un proyecto de autogestión que ve en la música, la fiesta y la colaboración un bastión para la apropiación comunitaria, la resistencia cultural y la redistribución de saberes, recursos y oportunidades: Bamba.
Sostenida por un line up de ensueño, y organizada, apoyada y replicada por varias de las personas más interesantes de la escena electrónica nacional, Bamba no podía ser reducida solo a una fiesta sino que se proyectaba a gestar un espacio vivo de dos días que incluiría un componente pedagógico dirigido a “pensar al fiesta” a través de talleres, charlas y sesiones de escucha.
Nada más esta intención, y la forma como era expresada y divulgada eran suficientes para generarnos una profunda emoción y admiración por aquel esfuerzo maravilloso en el que nos recogemos y del cual queríamos ser testigos y discípulos.

Cartel final de Bamba.
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Y fue así como, forzando un tiempo de descanso entre proyectos y deberes, y silenciando nuestras dudas financieras y logísticas, compramos boletas, tiquetes y bloqueador solar para escapar unos días de la Bogotá cada vez más abrumadora que nos envuelve con la excusa de acercarnos—así fuere de manera superficial—a la escena club de Medellín, ¡ir a Bamba, pasarla bomba!
Partiendo de la Nevera rumbo hacia la eterna primavera, Bamba era la excusa para encontrarnos, ñoñear y polinizar nuestras propias búsquedas como público y como red.
2.
El Día Uno:
Sobre la urgencia pedagógica y la escasez metodológica
Compramos con anticipación nuestro vuelo/flota con miras a llegar el miércoles y así estar descansados y disponibles el viernes para lo que serían los espacios de aprendizaje y creación.
Al abrirse las inscripciones fue una sorpresa descubrir que lo que inicialmente se promocionó como un día dedicado a hablar sobre “cómo habitamos la fiesta, qué cuerpos la sostienen y qué modelos podemos imaginar fuera del centro” se decantó en una oferta de cinco actividades de las cuáles cuatro eran mutuamente excluyentes en su posibilidad de asistir, además de que sólo una tendría lugar el viernes. El resto se realizarían el mismo día de la fiesta bajo un cambio discursivo: “Los talleres de Bamba suceden el mismo día de la fiesta. Son parte de una misma experiencia: aprender de día y celebrar en la tarde/noche”.
Y si bien no hay duda de que tenía más sentido práctico y logístico realizar estos espacios el sábado para facilitar la temporalidad y garantizar la asistencia, y de que los cupos debían ser limitados para enfocar la experiencia, no pudimos evitar sentir una ligera desilusión ante la antigua promesa de dos días intencionados a encontrarse en comunidad.
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Esta ligera desilusión alcanzó a convertirse en amargura durante los días que antecedieron al evento por la acumulación de pequeños detalles que nos llevaron a sospechar que el evento se iba a quedar corto en las promesas que sugería. Y si bien en retrospectiva vemos estos detalles como irrelevantes al momento de juzgar a Bamba y no queremos detenernos mucho al respecto, los registramos como testimonios de que bajo el velo de la expectativa y la emoción creada, lo diminuto adquiere filo y puede ser cariño o convertirse en falta de tacto.
Entre estos detalles está la dilución del “día uno” ya mencionada, junto al acceso mutuamente excluyente entre los espacios pedagógicos prometidos. Asimismo, se suma el hecho de que aún horas antes de la misma fiesta nos seguía llegando información de códigos de descuento que promocionaban la boleta a un precio menor de lo que habíamos pagado semanas antes. Incluso recibimos un correo instándonos a comprar la boleta (que ya teníamos) con 30% de descuento para merecer prioridad en los cupos de las actividades a las que nos habíamos inscrito1.
Si bien estos son detalles menores (y con riesgo de leernos quisquillosos, aunque asumimos que una reseña juiciosa requiere de relatar honestamente nuestros estados) lograron producir en nosotros una percepción de afán y sobre todo pánico sobre el éxito del evento, riesgo que igual resultaba razonable dentro del margen de ambición de Bamba como idea y como proyecto autogestionado.
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Volviendo al núcleo del componente de aprendizaje y creación, fueron cinco los espacios pedagógicos propuestos para Bamba: un masterclass sobre Arquitectura del sonido en un DJ Set dictado por Julianna; una sesión de escucha colectiva de folklore experimental en alianza con Sara Chacón, Ailin Grad y la Escuela de Artes y Oficios de Argentina; un masterclass de producción musical en Ableton dictado por Stenny (de Ilian Tape) y apoyado por El Club de Audio; un taller de expresión corporal en la fiesta a través de “gestos vulgares” guiado por Alaska y María Salvaje de VULGAR; y un conversatorio sobre la autogestión cultural como “herramienta política, creativa y afectiva” moderado por Luisa Uribe de Resident Advisor.
Sin dudar la oferta de talleres de Bamba fue pionera y valiosa en cuanto a que buscó abarcar muchas de las aristas esenciales que conforman una escena de música electrónica local sostenible y dinámica, y desde sus enfoques mostraba un clara intención de nutrirla y robustecerla. Debido a que nos podíamos inscribir únicamente a uno de los talleres, solo podremos hablar de nuestra experiencia en la masterclass de Djing de Julianna y de la sesión experimental de escucha colectiva, además del conversatorio que fue de entrada libre.
(Sobre el taller de producción musical no podemos decir algo porque no vimos ni escuchamos nada al respecto, y sobre el taller de expresión corporal—juzgando a partir de las stories, lo que alcanzamos a observar al inicio de la fiesta y los trazos que dejaron en la Sala Centro de 50|50—podemos intuir que fue tal vez el taller más involucrado, dinámico y situado de todos por su naturaleza corporal, y por su directa transición y traducción en la fiesta).
A continuación haremos una breve descripción de los dos talleres a los que asistimos. También, partiendo de nuestros apuntes, presentaremos una síntesis reflexiva del conversatorio y las herramientas y recursos de autocuidado y cuidado colectivo que se compartieron con miras a evitar caer en frustración o desesperanza al vernos enfrentados con los retos de la gestión de proyectos culturales independientes.
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Masterclass
“Arquitectura del Sonido en un DJ Set”
Desde Ondanza consideramos fundamental la invitación a experimentar con las posibilidades narrativas de la selección musical, y prueba de ese interés es nuestra serie de “podcasts musicales narrativos” con la que hemos convocado a múltiples personas y artistas a ensamblar mixtapes narrativos alrededor de algún tema propuesto. Y si bien no sabíamos qué esperar de un “Masterclass de DJing” (nunca habíamos asistido a una espacio similar), en su premisa de explorar el potencial narrativo de la selección musical—y considerando la experiencia y admiración que despierta Julianna—encontramos razón suficiente para querer inscribirnos, esperando profundizar sobre perspectivas, herramientas y reflexiones que informaran nuestra práctica como DJs/selectores, además de nuestras invitaciones colaborativas al respecto.
El masterclass tuvo lugar el viernes 19 de septiembre a las 6 PM en la Sala Centro de 50|50. La disposición del espacio era como un salón-club: una configuración de sillas orientadas hacia el DJ Booth y hacia la presentación que se proyectaba detrás del mismo. Como introducción, la primera y única pregunta que se nos hizo a quienes asistimos fue si éramos DJs, o si por lo menos teníamos algún conocimiento sobre cómo mezclar. La respuesta fue un sí unánime: todxs partíamos de un conocimiento base sobre lo que nos convocaba.
La intención y la premisa de Julianna eran sencillas y (consideramos) acertadas: hacer una invitación a mezclar con intención y dinamismo, facilitando una atmósfera narrativa progresiva que envuelve y guía a quienes escuchan y bailan, llevándolos de un lugar subjetivo a otro y siempre de acuerdo con el momento/situación/slot durante el que se mezcla en la fiesta; esto en contraposición con la actitud bastante común de querer “romperla” poniendo lo más duro, memorable, energético y contundente todo el tiempo, sin matices y sin considerar el contexto o la curva del evento.

Al fondo, una de las diapositivas de la Masterclass. Al frente, Julianna haciendo un blend.
Acompañada de una presentación sucinta pero bellamente ilustrada por ella misma, reproduciendo y haciendo blends entre algunas canciones que iba contextualizando en su uso2, Julianna nos compartió lo que ella consideraba los conceptos y herramientas esenciales a tener en cuenta para planear y ejecutar un DJ set intencionado, cohesivo y que evoluciona. De acuerdo con ella, todo inicia por preguntarse sobre lo que se quiere decir, hacia dónde se quiere llegar, la intención que orienta y da cohesión al set. Partiendo de esa intencionalidad, procedió a compartir una serie de “herramientas” dirigidas a facilitar el proceso narrativo a lo largo del set. Entre estas herramientas encontramos:
La importancia de tomarse el tiempo de buscar y preparar la selección musical—que, incluso más que la técnica, pueden definir la calidad de un set;
El orden o secuencia con la que se ensamblan las pistas seleccionadas;
La progresión o sensación de evolución narrativa a lo largo del set, que como una historia, está compuesta de secciones dinámicas y con distintas intensidades y funciones;
La energía tanto de las secciones como de cada canción, que es un acto de percepción del cuerpo musical y la demanda “física” que hacen, y no está necesariamente relacionado con su BPM;
La curva musical que es la misma progresión imaginada de forma visual según las fluctuaciones de intensidad o energía a lo largo del set, pero también en el contexto de los requerimientos de la fiesta, el antes y el después;
Entrar a considerar los espacios y silencios dentro de la progresión, su fuerza emotiva, expresiva y que permitir llegar a diferentes destinos musicales;
El carácter de los blends que se hacen, la transición entre una pista a otra, lo que requiere considerar la progresión y los silencios para construir energía, tensión y resolución, permitiendo así la cohesión y la sorpresa durante el set.
Inicialmente Julianna expuso desde el booth mientras el resto de personas estábamos sentadas observándola y escuchándola, lo que se sentía raro por el contexto de la música, de estar en un club, y las ganas de observar lo que hacía con el mixer; sin embargo, rápidamente corrigió esta dinámica invitándonos a rodearla. La exposición se pasó rápido, y una vez terminada se abrió un espacio para preguntas—lo que para nosotros fue el momento más entretenido del taller. Durante este “Q&A con Julianna” abundaron las preguntas con las que pudimos indagar de forma general y curiosa sobre su larga experiencia como DJ, y si bien excedían el propósito específico del taller, resultaron interesantes y valiosas para conocer sus perspectivas sobre el oficio y la escena.
Es una experiencia extraña presenciar un masterclass de DJing, porque en su esencia mezclar música es un acto que requiere de tiempo y concentración, y tratar de mantener un intercambio verbal y una coherencia expositiva durante el mismo es ya de por sí un reto, aún más al tratarse de los conceptos de estructura y selección dentro de un DJ Set, cuya explicación requieren de una dimensión temporal bastante extendida, acumulativa y práctica. Y si bien consideramos valiosas las herramientas y reflexiones abordadas durante el taller, sentimos que permanecieron básicas y superficiales.
Lo anterior en gran parte por la rapidez con la que fueron tratadas y por la ausencia de un componente práctico o por lo menos discursivo-colaborativo en el que pudiéramos pensar, discutir y construir en grupo estas intenciones narrativas, aún más considerando que todas teníamos alguna búsqueda como DJs. Tal vez es por esto que consideramos el “Q&A” como el momento más unificador y entretenido del taller. Incluso el simple hecho de tener referentes y escuchar fragmentos de DJ sets hubiera sido informativo, aunque hubiera requerido de más tiempo3.
Con estas observaciones queremos decir que el taller—por su carácter, su intención y la dificultad del tema—se hubiera beneficiado enormemente de permitirse idear una apuesta metodológica diferente para educar sobre el Djing (aún desde la teoría), tal vez como un acto involucrado, colaborativo y en red; en pensar cómo hacerlo trascender los decks y el mixer cuando el espacio no lo permite. Y si bien aplaudimos y resonamos en su intención temática y disfrutamos de su desarrollo, consideramos que la “masterclass” no fue el formato más adecuado para un taller de DJing4.
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Experiencia de escucha colectiva
“Reflejos de una Escucha Cercana”
El sábado 20, a las 11 AM se llevó a cabo en la bodega de Comfama el taller llamado “Reflejos de una escucha cercana”, en el cual escuchamos una composición sonora realizada por Sara Chacón y Ailin Grad. Fue una grata sorpresa asistir a este espacio pues su pieza sonora surge del cruce de instrumentos de la región del Pacífico como el cununo y la marimba, con los procesamientos electrónicos propios de la experimentación contemporánea. Además, en contraste con el anterior taller, este espacio fue un auténtico despliegue de palabra compartida y escucha atenta.
Escuchar con los ojos cerrados es escuchar desde otro lugar…
Mientras oíamos la pieza, que duró alrededor de unos veinte minutos, podíamos dibujar, escribir o sumergirnos en nuestros sentidos. De esas meditaciones brotaron conversaciones muy fructíferas, sobre todo, porque provenían de un diálogo consciente e íntimo. En una agenda anotamos la siguiente idea, la compartimos ya que puede brindarles una idea de la atmósfera que allí se tejió
En medio de esta charla estuvo presente el artesano Delio Amariles, quien nos contó y mostró cómo se hacen las esteras de enea, unas artesanías tradicionales hechas en telar. Si bien al inicio la charla se basó en las impresiones que cada quien tuvo de la experiencia de escucha, en un momento la discusión se volcó casi completamente a la dimensión ecológica detrás de nuestras tecnologías del sonido. ¿Cuántos años transcurren para que la palma de chonta crezca antes de ser marimba? ¿Cuántos años tardaron en formarse los minerales que están en las baterías de los computadores donde hoy en día trabajamos produciendo música electrónica?
Estas preguntas, por supuesto, nos parecieron importantes; parte de nuestro trabajo desde Ondanza ha sido el de generar reflexiones respecto a nuestra relación con el territorio que habitamos. La pasión por la fiesta, sin duda, no es inocente. Los impactos que tienen los eventos masivos sobre los suelos, los niveles de contaminación acústica o la cantidad de residuos que se deja al finalizar un evento no son los temas favoritos de la gente, pero son realidades necesarias de reconocer.
Celebramos la presencia de Delio, y de su trabajo manual, pues nos permitió integrar reflexiones sobre la escucha profunda, sobre el lugar de los oficios y las tradiciones en el marco de la hegemonía de las industrias culturales. Sin duda alguna las talleristas, Sara y Ailin, supieron integrar muy bien en su taller la discusión sobre la falsa linealidad del tiempo. No existe lo digital separado de lo análogo, no existe la música electrónica en el vacío: todo se sostiene, al final, en las muchas riquezas materiales que hacen parte del territorio.
De manera que, como agentes de la escena musical, debemos cultivar espacios y perspectivas que sigan cuidando los saberes tradicionales, pues no existen sólo como un objeto aislado destinado a extinguirse por ser ‘arcaico’; todo lo contrario, pueden ser grandes fuentes de inspiración musical que, además, preservan saberes sobre cómo cuidar y relacionarse con el mundo que nos rodea. Imaginamos, por ejemplo, poder contar con esteras de enea para hacer sesiones de escucha amplias en donde la gente pudiera meditar o acostarse cómodamente. Pero esto solo es posible si no dejamos en el olvido a esas personas que saben dónde recoger estos materiales, cuándo se deben cosechar, cómo se deben procesar y ensamblar para obtener el resultado deseado: muebles cómodos, ecológicos y duraderos.
Si bien la conversación se hubiese podido extender más, fue una apuesta loable la de poner en diálogo esta dicotomía entre oficios y artes, entre los saberes y el conocimiento: la música electrónica, que siempre se ha construido sobre el imaginario futurista, en este espacio se convirtió en un portal para mirar hacia adentro del tiempo. En este taller recordamos que venimos de la tierra. Bajo esta mirada, una marimba y un sintetizador son solo dos formas diferentes de pulsar las inagotables y siempre novedosas teclas de la tierra.
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Conversatorio
“Crear, resistir y sostener la semilla de la autogestión”
No es un pormenor el hecho de que Bamba se haya atrevido a realizar un conversatorio llamado “Crear, resistir y sostener la semilla de la autogestión” en el que se indagó por las posibilidades del buen vivir para quienes amamos, sostenemos y construimos los eventos de esta cultura musical. Reconocemos que fue muy grato ver que se están abriendo estas conversaciones a partir de valores antiautoritarios, cooperativistas y solidarios con la intención construir narrativas e intercambiar experiencias sobre la sostenibilidad y el cuidado colectivo en medio de una industria tan lúgubre como puede ser la del entretenimiento nocturno.

Panelistas durante el conversatorio. De izquierda a derecha: Luisa Uribe de Resident Advisor, Viviana Ramirez de Morfina Records, Juliana Cuervo de Bamba, David Robledo de La Pascasia, y Alison Uribe de Anti Tatoo.
Sin embargo, debemos destacar que es curioso (acaso ridículo) que por redes sociales el anuncio de este evento aunque tuvo cientos de interacciones y comentarios, terminó contando con muy poca asistencia. Por supuesto, no estamos midiendo el éxito del evento bajo este criterio, pero sí nos interesa identificar la raíz de esta aparente negación. El problema no es si llegan diez o cien o miles de personas, pues la naturaleza de la problemática a tratar no se resolvía en un conversatorio; pero la sensación que nos atravesó al ver tantas sillas vacías fue: ¿acaso a la gente no le interesan estas preguntas?
Podría pensarse, entre tantas sillas vacías, que quizá nos importa solo a unos cuantos, a la inmensa minoría. Y si bien este no será el lugar para pensar y tratar de responder estas preguntas, resultaría interesante conocer el balance de las personas de Bamba y quienes organizaron el conversatorio, saber cómo perciben y explican el resultado concreto en convocatoria, que no deja de ser desilusionador, particularmente en el marco de Bamba, su visibilidad y sus apoyos institucionales… ¿Un asunto meramente logístico o de horario? ¿Factor publicitario? ¿El interés por estos temas en Medellín? ¿Mala suerte? Entender este resultado es una gran oportunidad de aprendizaje para quienes nos interesa replicar estos temas, llegar a las personas adecuadas, interesar a quienes dudan o no conocen.
Dicho esto, esa tarde tomamos nota de los puntos más interesantes abordados durante la conversación y queremos compartir una versión sintetizada y digerida de los mismos:
La autogestión sólo es posible gracias al trabajo colectivo. Encontrar personas que comparten las mismas inquietudes y pasiones aumenta el deseo de construir proyectos ambiciosos culturalmente hablando. Además, al haber varias personas involucradas la distribución de tareas facilita la gestión y producción de esas metas. De igual forma, lo colectivo no se traduce únicamente en más manos para hacer sino también para cuidar y sostener: elegir accionar desde la autogestión también es desgastante, exigente y puede generar muchas frustraciones, pero si la colectividad se convierte en red de apoyo material y emocional es mucho más fácil incorporar los aprendizajes y superar los retos.
La autogestión requiere de habilidades administrativas y objetivos claros. No es suficiente contar con un buen equipo de trabajo sino saber organizarse a nivel interno para cuidar la energía. Resolver las discusiones internas es contar con madurez emocional para atravesar conflictos, aprender a soltar el deseo de control o saber confrontar a las amistades. La interdisciplinariedad es clave, en estos proyectos suele haber gente muy habilidosa para lo creativo o artístico pero es necesario también contar con capacidades de contabilidad, manejo del tiempo, conocimientos técnicos en electricidad, carpintería o asesoría legal, por ejemplo.
La autogestión toma tiempo porque sus objetivos trascienden lo monetario. Si un proyecto se enuncia autogestivo es porque sabe, en el fondo, que quiere construir y entregar—aún si el resultado no logra cubrir sus inversiones económicas. Por esto es importante que se conozca cuáles necesidades son las que se quiere cubrir, pues en últimas, serán su fin y medida de éxito. La comunidad que cada proyecto construye depende justamente de esa finalidad, y entre más clara sea esa meta, más adecuados y mejor enfocados serán los proyectos cultivados. Asimismo, el éxito de estas iniciativas también depende de lograr construir una imagen pública que no se concentre en unas pocas personalidades, es decir, que se conozca más el éxito del colectivo por sus eventos o espacios y no por uno o dos DJs, por ejemplo.
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Hablando de forma general, el componente pedagógico de Bamba fue una iniciativa excepcional y robusta que buscó expandir la frontera de la fiesta y su música a través de espacios que reconocen la necesidad de reunir y formar a su público, artistas, gestores y colectivos; de ver en cada persona con alguna relación con la fiesta un terreno fértil con la cual compartir semillas a la espera de que en su germinar devengan actitudes, disposiciones, sonidos y articulaciones que fortalezcan la escena cultural/musical local.
Esto lo consiguieron a través de colaboraciones creativas y logísticas notables, en medio de espacios dignos y adecuados, y de la mano de facilitadores y “maestrxs” admirables y auténticxs. Como conjunto, estos espacios fueron una apuesta valiente, necesaria y digna de admirar. Se sintió como todo un privilegio el poder presenciar su desarrollo.
Dicho esto, y a pesar de los elogios, nos fuimos con la sensación de que la intención de fomentar el encuentro y de construir comunidad se quedó corta bajo la medida de su discurso, y en parte por sus metodologías. Esto por el simple hecho de que los talleres (reconociendo el sesgo de que solo pudimos asistir a dos y al conversatorio) se sintieron como espacios delimitados y aislados en los que se llegaba, se escuchaba/hacía lo que estaba definido que se iba a hacer, y una vez terminado el tiempo era momento de partir. Sí, nos encontramos, pero siguió siendo impersonal, vertical.
Sentimos que hizo falta el componente básico de presentarse, de conocerse, de integrarse; la forma básica del encuentro que deja abierta la puerta y la posibilidad de que conversaciones, comuniones y otros encuentros surjan a partir de un espacio catalizador. Y si bien esto no era necesario o posible en cada taller, consideramos que sí hizo falta un espacio de encuentro distinto al de la fiesta.
Un aprendizaje recurrente durante nuestra corta experiencia gestionando eventos y encuentros es que cada espacio de ocio se puede (y debería, creemos) convertir en una excusa o una semilla para algo más: facilitar un encuentro intencionado, pero que se mantiene abierto y flexible, con el potencial de convertirse en catalizador fértil para que nuevas interacciones, ideas y proyectos broten. Todo esto parte de gestar un espacio cómodo y pensado para que sus asistentes se re-conozcan.
Es probable que esta percepción pase por el hecho de que éramos personas ajenas a la escena local, y en los talleres no conocíamos a nadie, mientras que la mayoría de “locales”—tal vez su público objetivo—parecían ya conocerse entre sí, por lo que no se veía como necesario el integrarse. Pero también sabemos que varias personas venimos de diferentes ciudades (Bogotá, Cali, Valledupar, Barranquilla—de lo que nos enteramos) y que, dentro esta inevitable diversidad geográfica, estos espacios pedagógicos podrían permitir no solo el aprender y redireccionar estos aprendizajes de regreso hacia nuestras redes locales, sino también generar conexiones y articulaciones “interlocales” o interregionales.
Estas observaciones trascienden a Bamba y, sintetizadas de forma más enfática y urgente, las dirigimos de forma indiscriminada hacia todo el panorama de espacios de aprendizaje que tienen lugar en contextos similares (buscando formar comunidad bajo el estandarte de las músicas electrónicas): existe un déficit de creatividad crítica dedicada a investigar, actualizar, imaginar y/o desarrollar metodologías de reunión, integración, educación, articulación, incentivo, goce y ocio colectivo alrededor de la música electrónica y la fiesta, de manera propositiva, horizontal y propia para nuestra época y generación.
Dicho de otra manera: la invitación “a imaginar otro modelo” debe involucrar necesariamente un sacudir que permita renovar nuestro imaginario metodológico, de nuestro qué-hacer y cómo-hacer en colectivo.
3.
En Bamba Nos Vemos:
La fiesta sublime y con cariño
Empezar a escribir las palabras sobre lo que fue la fiesta nos lleva, inmediatamente, a repasar los sentimientos de dicha, alegría, camaradería y satisfacción que sentimos aquella noche. Todo lo que pudimos decir negativo o crítico sobre Bamba se siente pequeño en contraste con la fiesta. De aquí en adelante solo quedan flores, halagos y aplausos por la maravillosa noche que nos ofrendaron, llena de agasajos y emoción. Sin duda alguna Bamba fue de las fiestas más divertidas y amables a las que hemos podido ir en tiempo reciente… ¿Por dónde empezar?
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Las Güiras tocando en el escenario Rizoma (Sala Centro)
SU CURADURÍA MUSICAL, y no solo en cuanto a la alineación de actos que convocaron sino también su distribución espacial y temporal. El rango y la calidad musical que presenciamos aquella noche fue bastante especial, generando un encuentro entre “sur” y “norte” ecléctico sin sentirse incoherente o atropellado. A pesar de construirse tres curvas paralelas, la energía siempre fue correspondiente y complementaria, lo cual alentaba a la curiosidad de moverse entre escenarios.
Si bien no logramos ver todos los actos5, recorrimos una curva significativa y estimulante que complació nuestro paladar sónico y logró cimentar esta noche en nuestra memoria por la amplitud que permitió. Vamos a tratar de describir esta curva de forma reductiva, por medio de una lista que igual se quedará corta en dar fe de la magia que enuncia:
Al llegar nos dirigimos a Tensión (la terraza) poco después de que Andy Martin había tomado control del booth para hacer un set calentamiento sofisticado y austero, ideal para enfocar la mente y el cuerpo y prepararnos para lo que sería aquella noche.
Bajamos a Rizoma (la sala centro) a acompañar un rato a Las Güiras con un show irradiante de energía cumbiambera que nos contagiaron desde los decks y en sus recorridos por el público.
Luego bajamos más, a Bamba (el patio), a acompañar a Niebla quien nunca falla en orientar y preparar una pista para sus momentos más intensos, empalmando a la perfección con:
Identified Patient, quién supo dirigir y detonar la noche en una euforia colectiva memorable sin sacrificar dinamismo energético ni amplitud estilística. Fue en este momento que entendimos que todo esfuerzo para traernos acá había valido la pena, que esta fiesta sería especial—y aún no era media noche. Lo único triste fue que por estar raptados en su set olvidamos por completo ver a The Large en el segundo piso…;
Algo cansados, pero con mucho entusiasmo, subimos a ensayar otros pasos junto a Edna Martínez, quien no le dió tregua a nuestros cuerpos—incapaces de no zarandearse—con su champeta relámpago llena de referencias “internacionales” y cadencias afines (imaginen a Blondie y The Chemical Brothers champeteados, ¡una excelente locura!).
Preparándonos para la recta final y buscando aire, decidimos oscilar entre el set de Brenda y María Manuela en el patio—dupla experta en mantener una pista en su tope energético aún en sus giros más inesperados—y el set de Passq y Rachiid P., quienes hicieron retumbar todo el Perpetuo Socorro con ritmos sincopados y bajos sísmicos que le auguran un futuro alentador a la escena colombiana.
Con mucha anticipación fuimos a la sala centro para encontrar a Badsista cuyo set llevó hasta el límite nuestro último aliento a través de un frenesí percusivo inmarcesible. Intensidad pura para un público fiel que no quería botar la toalla. Y durante los últimos minutos de su set, nos despidió con un ensamble de reggae; como quien dice, “les permito relajarse”.
Para cerrar “con broche de oro”, el live de Gladkazuka nos permitió un aterrizaje introspectivo y una última descarga de energía colectiva en la que oscilaba la tensión entre el agotamiento y el deseo de no querer que la fiesta se acabara pronto.
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LOS SISTEMAS DE SONIDO en cada uno de los tres escenarios fue excepcional, siempre envolvente y con una distribución y alcance de frecuencias bastante homogénea que facilitaba el movimiento en el espacio enmarcado por los parlantes sin mayor pérdida de claridad. Es decir, el sweet spot fue amplio y generoso espacialmente hablando, incluyendo los bajos. Es claro que la corona se la llevaba el patio que contaba con el privilegio de un sistema Funktion One que logró inundar sónicamente toda su extensión, aunque Tensión y Rizoma no se quedaron atrás. Particularmente la claridad acústica en Rizoma fue notable. Y si bien hubo algunos derrames de sonido entre la terraza y el patio, esto no afectó para nada la experiencia.

Ambiente de la terraza (escenario Tensión)
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EL LUGAR, 50|50, es un ensueño espacial para realizar una fiesta, y particularmente apropiado para la ambición y proporción de Bamba. Es amplio sin ser masivo, y sobre todo es cómodo y generoso desde una perspectiva arquitectónica y de usuario: desde su entrada contempla umbrales e intersticios que permiten transicionar, descansar, parchar y reorientarse entre los tres núcleos activos que lo conforman: un amplio patio descubierto en el primer piso con espacio para todo tipo de disposiciones al escuchar música; la sala central en el segundo piso, cerrada pero con un techo alto que la hacen sentir mucho más grande de lo que es; y una terraza amplia y con una vista panorámica preciosa hacia el noroccidente del Valle de Aburrá, el parque Palacé y el costado de la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro con su arquitectura neogótica y su pandilla de loros que podrían imaginarse como sus gárgolas vivas.
Normalmente en los eventos con varios escenarios la idea de desplazarse es un reto que nos hace reflexionar y dudar: ¿En qué momento? ¿Cómo deberíamos hacerlo? ¿Cuál será el camino menos atropellado? Este no fue el caso en Bamba. Cómo ya fue dicho, Cincuenta Cincuenta es un espacio muy digno y amable de recorrer y explorar, y ayudó que la fiesta nunca se sintió llena o cerca de su límite6. Se podía respirar y transpirar aún en la mitad de la pista de baile, y también buscar descanso sin dejar de disfrutar la música o encontrar algún intersticio menos bulloso en el cual conversar sin gritar. Todo esto fue potenciado enormemente por el clima primaveral y acogedor de Medellín que no defraudó a pesar de la racha de noches lluviosas que antecedieron la fiesta.

Ambiente del patio (escenario Bamba).
Y por último es de resaltar el amable y caluroso servicio del personal logístico de 50|50 en sus distintas estaciones, a quienes además se les veía las ganas de salir a bailar. También fue bastante especial el hecho de que hubiera un equipo de voluntarios directos formado por Bamba quienes tenían como objetivo promover la buena convivencia y el cuidado en la fiesta.
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LA AMBIENTACIÓN Y LOS DETALLES: fiestas ambiciosas musicalmente y enérgicas en su promoción abundan en los clubes de Bogotá, pero pocas se preocupan por apropiarse del espacio que ocupan para crear una experiencia que refleje la intencionalidad e identidad de quién las realiza (llámese promotor, colectivo, curador), o por idear una experiencia que resalte y expanda la música en el espacio, buscando la excepcionalidad de la noche que se ofrece. Esto es otro punto a resaltar de Bamba: su preocupación integral por el intencionar, desde la atmósfera y el público que quieren construir con sus eventos, hasta los detalles que como asistentes recordaremos y asociaremos a aquella fiesta tan especial.

La entrada/salida, una cortina industrial que marcaba la transición entre la calle y 50|50.
Iniciando por su hermoso diseño de marca visible en su flyer y sus publicaciones digitales, y la forma tan auténtica como llevaron a cabo su campaña de promoción en redes. Esta energía se mantuvo y se trasladó a la ambientación del espacio, que si bien fue sutil y a veces austera, no fue improvisada ni pasó desapercibida. Por ejemplo su cortina de entrada y su tapete, las diferentes luces en cada escenario, el calor de las velas en Rizoma, las cortinas en los marcos de Bamba, el refuerzo de sonido contratado, entre otras. Todo esto logró crear la sensación de que Bamba también era una preocupación por la experiencia estética en el espacio de fiesta.
En cuanto a los detalles podemos resaltar que al entrar y recibir la manilla (que además nos instaba a tomar agüita) se nos entregó una ficha con un número como parte de una dinámica de Amor y Amistad. Este número nos invitaba a buscar la pareja entre las demás asistentes para poder reclamar juntas un cóctel gratis (muy generoso por lo demás)7; o también el menú de bar especial para la fiesta, que incluía una cerveza embotellada especialmente para Bamba y una bebida muy refrescante y sabrosa con melena de león, CBD y jengibre, ¡además de que hubo un puesto de perros calientes disponible casi toda la noche!

La manilla de Bamba.
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EL PÚBLICO, uno de los factores más importantes de cualquier fiesta memorable, tampoco decepcionó. Moviéndonos entre la pequeña multitud de aquella noche nos sentimos haciendo parte de un ethos colectivo receptivo, caluroso y pleno en camaradería. Cuerpos sudorosos trazaban con entusiasmo patrones rítmicos en sincronía mientras miradas agudas y bocas sonrientes se dedicaban a escuchar atentamente desde los márgenes. La euforia fue real y sostenida, y en ningún momento nos sentimos incómodos o se nos hicieron visibles las tensiones problemáticas características de los espacios de fiesta como son los duelos por espacio o el abuso de alcohol y otras sustancias.
No tenemos idea de cuáles eran las expectativas de los organizadores en cuanto a la proporción entre público local, nacional y extranjero, y nos resultaría imposible tratar de hacer un estimado. Pero si bien la población extranjera es un tema polémico en Medellín (además del hecho de que han acaparado los espacios de música electrónica de la ciudad) y aún cuando un influjo considerable empezó a llegar hacia la medianoche8, consideramos que en su mayoría asistieron por genuino interés en la propuesta musical de Bamba, además de mostrarse apreciativos y respetuosos por el espacio y no con una intención turística, consumista o decadente.
En general, fue la increíble actitud del público la que permitió completar y dar vida a la intención artística y comunitaria de Bamba, y solo nos queda desear que este se logre mantener y fortalecer, cada vez más receptivo, curioso, amable y entusiasta, y que entre quienes asistimos resuenen y se esparzan aquellas nobles intenciones.
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Bamba, la fiesta, fue una noche especial y única. Ciertamente ha sido de nuestras fiestas favoritas, y por eso guardaremos con cariño aquella sensación de plenitud que nos inundó durante el reverberar del último bip de Gladkazuka, que ahogado por un patio de aplausos, selló aquella noche idílica para quienes encontramos en la música electrónica y el zarandeo desenfrenado un motivo de ánimo existencial, de comunión y de aspiración creativa.
4.
CIERRE Y REINICIO
¿Por qué hacer una reseña de Bamba y no sobre otras de las muchas fiestas que existen, sobre todo en Bogotá nuestra ciudad?
Puede resultar extraño enunciar y tratar de resolver la siguiente pregunta al cierre de este texto, pero creemos que en su respuesta se encuentra la matriz fundamental para proyectar un deseo sobre lo que creemos es un camino posible y fértil para la construcción y consolidación de las diversas subculturas y escenas electrónicas locales que se vienen fermentando en Colombia.
No iniciamos esta reseña con una intención de hacer periodismo o crónica cultural. Más bien, esta surgió de una reflexión genuina y pasional al creer que ese camino posible ha sido iluminado por Bamba, y de que en discutir sus intenciones, sus logros y sus percances se puede encontrar un acervo experiencial enorme sobre el cual seguir construyendo y permutando para imaginar formas de hacer colectivas—de ocio y de pedagogía—propias de nuestros tiempo y lugar.
Porque Bamba se erige bajo una intención única y especial, una apuesta nueva y vital para el estado de una escena que a veces se siente estancada y anticuada en sus formas y metodologías. No hemos conocido otro evento en la escena electrónica underground colombiana que le apunte con tanto énfasis desde su concepción al encuentro abierto, a la formación de comunidad, y a la pedagogía y el intercambio colectivo como Bamba.
Es por eso que después de haberlo vivido, aún con las reservas y ligeras desilusiones que hemos enunciado, tenemos nuestra mirada, oídos y nuestra fe puesta en Bamba y en cualquier otra iniciativa con intenciones similares que pueda darse en este país del Sagrado Corazón, o por qué no, de Latinoamérica. Somos creyentes de su potencial emancipador y creativo, y sobre todo, de su necesidad para esta coyuntura en donde el futuro se siente cada vez más desalentador y fragmentado.
Y para ustedes, personas que hicieron posible Bamba en 2025: si tienen planes de continuar y redoblar estos esfuerzos para el 2026, cuenten con nosotros como público, como admiradores, como colaboradores. Queremos ser un eco para sus intenciones, una resonancia desde y hacia Bogotá (además de los evangelizadores de Bamba en los que nos hemos convertido). Prometemos estar allá, con un parche más grande, con una actitud aún más abierta y con un compromiso más firme.
Entonces, cuando en su manifiesto se preguntan si “¿El baile podrá juntarnos de nuevo?” Nosotros, como ustedes, también creemos que sí.
Y estamos dispuestos a hacer el esfuerzo porque así sea.
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Pies de Página


